Coffee Corner, la acogedora antesala del Perrachica

Desayuno en Coffee Corner - PerrachicaLo que más me gusta de Madrid es que está en constante movimiento. Para bien o para mal, se va renovando constantemente, y aunque quedan sitios tradicionales, lo nuevo y moderno también está bien.

Dando un paseo cerca de Quevedo, ya me había topado más de una vez con el Perrachica, un restaurante con una decoración lujosa, y con luces que se ven a manzanas de distancia, por lo que suele imponer bastante. Pero cuando me enteré de que también servían desayunos en su antesala, el Coffee Corner, tuve que ir.  Y lo que descubrí todavía me tiene deslumbrada.

Cuando entramos, tuvimos esa sensación de “¿qué hacemos en un sitio cómo este?”, pero luego, cuando un camarero muy amable nos atendió, ya se nos pasó. La decoración es  bastante extravagante, con un estilo propio y donde predomina el verde, al menos en la jardinera de fuera. Dentro todo es más cálido, pues hay sillas tapizadas, junto a otras son de madera pero parecen de jardín. Todo muy cómodo.

La carta es más extensa de lo que cabría esperar, aunque echamos en falta Desayuno en Coffee Corner - Perrachicaalgunos
productos que fuera de elaboración propia. Las tartas eran de Celicioso, y en el mostrador había sandwiches empaquetados. Es decir, echamos en falta lo casero, así que optamos por lo que parecía ser de lo poco que estaba hecho ahí: la tarta de queso. 

Yo lo acompañé con un zumo de bayas de todo tipo, de ahí su color rojo, y que incluía cerveza de jengibre. Y ese es mi punto débil: no puedo resistirme a nada que lleve jengibre y tengo que probarlo, de alguna forma u otra.

Aún recuerdo esa tarta de queso, que ha pasado a ser mi favorita de todo Madrid. El sirope que echan por encima es espectacular, y la textura suave de la crema te deja sin palabras. Solo con recordarlo estoy por ir a por otra al Coffee Corner.

Aunque el precio es algo elevado para lo que es un desayuno, para un día de capricho está bastante bien. Si te levantas con antojo de darte el gusto, cualquier día está bien para ir hasta aquí, aunque en fin de semana también sirven brunch.

¿Lo mejor de todo? El trato que nos dieron. Ahora mismo no me acuerdo del nombre del camarero, pero era una de esas personas con las que es facial socializar por la simpatía que derrocha. Bromeó con el tema de que teníamos que hablar bien del sitio en Internet… y bueno, lo prometido es deuda. Pero solo porque la tarta de queso era fantástica, y porque nos atendieron de maravilla. 

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