¿Dónde comes? Donde Mónica

Parece que están de moda estos patios pequeños y escondidos al estilo del Jardín Secreto de Salvador Bachiller. Así que hoy toca uno de esos, al que fui la semana pasada, por si tenéis ganas de ir este fin de semana y probarlo.

Donde Mónica. Foto de G. de la Cruz

Donde Mónica es un local acogedor que hay en pleno barrio de Salamanca, y donde te encontrarás aquello que esperas de un sitio ubicado en esta zona de Madrid. El jardín es… original. Siendo sinceros, hay que decir que está en un parking, aunque tiene cierto encanto por las plantas y la decoración exterior. Después, hay una zona de  césped artificial que es donde están colocadas las mesas. Dentro, la decoración es mucho más acogedora: papel pintado y muebles claros. Había mesas altas, y una redonda en un rincón, al lado de la puerta, que es donde nos sentamos.

Donde Mónica: con mucho encanto, pero poca atención

A pesar de que la comida que probé estaba buena, aún dudo si volver. Y es que el servicio fue algo deficiente. Llegamos pasado el mediodía, y preguntamos si aún servían desayunos. La respuesta fue algo parecido a que ese día no servían, que acababan de abrir. (Error. Sonó a “nos hemos dormido y por eso hemos abierto ahora). Respondimos que daba igual, que tomaríamos algo. Quiero pensar que era el primer día de la camarera, porque estuvimos un minuto en silencio, hasta que decidimos preguntar nosotras si nos sentábamos donde quisiéramos.

Nos dieron la carta, y pasados unos minutos vino la camarera preguntando que qué queríamos de beber. Mi mente sarcástica pensó darle una respuesta haciendo alusión a que no tenían ninguna bebida en la carta, pero preferí preguntar que qué era lo que ofrecían. “Coca-Cola, Nestea, Fanta, refrescos y agua”. En fin, gran variedad. Como ya casi era la hora de comer, yo decidí pedir algo que me sirviera de comida. Y para que luego no digan que solo como cosas dulces, diré que la Focaccia que pedí de tomate cherry, mozzarella y pesto estaba muy, pero que muy rica. Mi acompañante pidió un coulant de chocolate. Y escuchamos cómo la camarera, sin ningún reparo, preguntaba que qué era un coulant, y que si era un postre. Sobre el poco conocimiento de la chica no opinaré aquí.

Donde Mónica. Foto de G. de la Cruz

Tardaron sus quince minutos en servirnos, y la chica en cuestión nos sirvió primero un plato, cuando especificamos que queríamos todo junto. Se disculpó y fue a buscar el coulant a la cocina. No sé qué ocurriría, pero pasaron cinco minutos más hasta que lo trajeron, muy bueno, sí, pero con el helado ya medio derretido. Al final, como vimos que todo el proceso fue muy lento a pesar de que solo habría unas cuatro o cinco mesas, cuando pedimos la cuenta ya decidimos pagar directamente en la barra, para agilizar el proceso.

Es en estas ocasiones cuando me pregunto si un buen producto, por sí solo, puede sostener un sitio. Porque la comida que probamos era buena, y no nos trataron mal, pero un servicio inexperto, lento, y con errores muy básicos, deja mucho que desear de un sitio tan bonito como este. Tenía ganas de probar el brunch que ofrecían, algún fin de semana, pero de momento, me quedaré con las ganas.

Datos:

Donde Mónica
Calle Padilla, 3.
Veréis un portón de garaje abierto, donde también hay algún que otro negocio.
Metros más cercanos: Núñez de Balboa (L5, L9),  y Eduardo Dato (L5)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *