Halloween se acerca. Miedo me da.

No, hoy no hay entrada de ningún sitio en especial. Quiero escribir esto porque me he dado cuenta de que está llegando Halloween. Y me está dando miedo. Vale, es un miedo irracional. Pero porque es una fiesta en la que no sabes qué esperarte. Y menos cuando te llegan planes tan extravagantes y tan… no sé, pseudo originales.

No sé si hay cierto evolucionismo en vivir este tipo de fiestas. Yo, que tengo amigos de todas las edades, (y otros con personalidades tan excéntricas), he recibido propuestas muy diferentes que podría clasificar de la siguiente forma.

Planes para Halloween. Foto de G. de la Cruz

Primero está el “Halloween adolescente”, en la que personas más o menos jóvenes,  se lo toman como un día más, pero con mucho lápiz de ojos y polvo de talco en la cara. Es decir, hay que beber, como un viernes cualquiera, salvo que estaremos “disfrazados”. Un disfraz cutre que podrías hacer pasar por el atuendo de un vagabundo, podríamos decir. La alternativa de una gran mayoría de chicas es la de disfrazarse de “criatura putilla sexy”, y el sentido de dar miedo se pierde, en cualquiera de esos dos casos. Aún así, mantienen la convicción de “eh, que solo es por hacer el tonto”, aunque en su interior notan el oscuro deseo de ser aceptados y admirados por sus… vestimentas, que no llegan ni a ser originales. Aunque visto lo visto, puede que cualquier cosa que no sea un disfraz prefabricado que haya salido de una bolsa de plástico comprada en los bazares, pueda ser decente.

Después llegan los planes relacionados con el vandalismo, que implican huevos y mucho papel higiénico. Planes también importados de Estados Unidos, en cualquier caso. Claro que solo por el mero hecho de salir a la calle, también puedes enfrentarte a ello, sobre todo si vives en la cosmopolita ciudad de Madrid. Mis persianas aún dan fe de ello.

Planes para Halloween. Foto de G. de la Cruz

Luego están las “fiestas de treintañeros”. Es como una versión del “Halloween adolescente”, pero en una casa, y con mucha más desesperación por parte de los disfraces provocativos, no sé si me entendéis. Música desde los 80 hacia delante, aperitivos baratos, y copas de vino.  Muchos disfraces de gatitas sexys, y puede que alguno de algún personaje de Juego de Tronos.

Pero no sé si es peor cuando llega la fiesta enfocada a los niños. También se está copiando la tradición de pedir caramelos en urbanizaciones, y sitios de ese estilo, a la americana. Niños vestidos de momias, niñas hadas, y demasiado azúcar en su sangre. Hay gente que no está lista para enfrentarse a un ejército de niños hiperactivos. Bueno, nadie está listo para eso.

Y como normalmente esos planes no nos convencen, optamos por lo clásico: casa de un amigo y alguna peli de terror. Y si es de serie B, mejor, que las risas están aseguradas.

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