No tienes derecho a amargar el día a los demás (Reflexión sobre la empatía)

Tiendo a ser positiva, que no optimista. Y no creo que la vida vaya siempre bien, o que todo saldrá bien. Porque para mí, no es así. Habrá veces que la vida vaya mal, y tendremos uno o varios malos días. Es más, también habrá días en el que las cosas vayan realmente mal. Algunas veces, te habrás preguntado si lo que te está pasando te lo mereces. O peor, no te lo habrás preguntado. La palabra clave aquí es la empatía. 

Partimos de la base de que todos somos egocéntricos. Es habitual mirar nuestro ombligo antes que el de los demás. El problema llega cuando esta práctica está demasiado normalizada, y no nos importa absolutamente nada el resto del mundo. Tendemos a creer que somos buenas personas, buenos amigos, buenos familiares. Pero, ¿hasta qué punto es así? ¿Hasta qué punto lo que hacemos no nace de un interés personal?

No tienes derecho a amargar el día a los demás. Foto de Glady de la Cruz para Ideas Corrientes.

Empatía, señores

Yo defiendo la empatía. Cada uno de vosotros diréis que sí, que es cierto, que vosotros también. Que sois buenas personas. Que el otro día ayudasteis a una señora con carrito a subir las escaleras del metro.

Todos sabemos lo más básico: empatía es saber ponerse en el lugar del otro. Esto no implica estar de acuerdo con su comportamiento o con sus ideas, sino comprender por qué esa persona piensa así. Y con el “otro”, no me refiero solo a la gente de nuestro entorno, sino a cualquier persona. Desde el cartero que reparte en nuestra casa, hasta el conductor de autobús que te lleva al trabajo. Piensa lo que es estar trabajando ocho o diez horas debajo de la tierra, conduciendo un vagón de metro. O qué significa realmente patearse un barrio entero portal tras portal para repartir todas las cartas. Ponte en el lugar de ese operador de tu compañía telefónica, que no quería aceptar el trabajo, pero tuvo que hacerlo porque lo necesitaba; y básicamente está cobrando para que gente como tú pierda los nervios con ellos.

“Ellos tampoco tienen el derecho de amargarme”

Sí, seguramente te hayas puesto a la defensiva, y saltarás con este razonamiento. “Yo no tengo derecho a amargarles, pero ellos a mí tampoco, y lo hacen”. Sí, pasa muchas veces. Pero el hecho de que se comporten así contigo, no te da derecho tampoco a ser cruel, y pagarlo con los demás. Estás entrando en un ciclo que nunca acaba.

También pensarás: “¿por qué tengo que soportarlo, si ellos siempre me amargan?”. Sientes como si todo el mundo fuera antipático contigo, mientras que tú haces siempre todo para no molestar a los demás. Puede que tengas razón, pero ¿estás seguro? ¿Estás seguro de haber hecho todo bien siempre?

La cuestión es que si entras en ese ciclo, va a ser muy difícil que salgas de ahí. Y por algún sitio se tiene que empezar. No se trata de querer cambiar el mundo, sino de hacerlo un pelín mejor. Aunque sea solo un poquito.

No se trata de cambiar el mundo, sino de hacer de él un lugar un poco mejor.

Evidentemente, no trato de que tengas que aguantar toda la basura verbal que te pueda echar alguien que sí está pagando contigo su mal día. No tienes por qué hacerlo, ni debes hacerlo. Pero sí que tienes diferentes maneras de manejar situaciones como esta. Es probable que si te quedes en silencio, y lo aguantes, esa persona seguirá pagándolo contigo, y con la siguiente persona que llegue. Pero un comienzo es mantener la calma y hacer ver a esa persona que lo está pagando contigo. Si consigues eso, el otro se sentirá peor, y para las próximas ocasiones, pensará dos veces lo que está diciendo. Pero ya estás haciendo que ese entorno sea un poco mejor para los demás.

Ser consciente de los demás te hace ser mejor persona. Pero eso no quiere decir que te olvides de ti mismo. No significa que sean más importante los demás que tú.

¿Tengo que mejorar el día a la gente?

No tienes por qué. Pero ahora piensa en el tipo de la cafetería que te desea que tengas un buen día. En el chaval joven que te ha sujetado la puerta a la salida del metro. O en la señora de mediana edad que ha cedido su asiento a una chica embarazada.

¿Por qué lo estás viendo como una buena acción? En realidad son gestos que deberían ser normales, que se deberían corresponder a una sociedad sana. Pero te parecen buenas acciones porque no crees que sean habituales.

No tienes la obligación de alegrar el día a los demás. De alegrarme a mí el día. Pero si lo haces, aunque sea sin querer, yo te daré las gracias. Y creo que tú también te sentirás un poco mejor.

 

2 thoughts on “No tienes derecho a amargar el día a los demás (Reflexión sobre la empatía)

  1. Me encantó el artículo. Estoy muy de acuerdo con tus palabras. Me enerva sobretodo la falta de educación cívica de algunas personas. Apenas he visto a alguien levantarse en el tren o metro para ceder el asiento a otra persona que lo necesitaba más, noto que se van perdiendo las formas, el “gracias” el “permiso” el “disculpe”. Donde han quedado?

    1. Hola Eli!!

      ¡Qué alegría verte por aquí! Tienes mucha razón. En realidad, el artículo aborda varias cosas distintas. La cuestión es que la educación cívica es algo muy relativa, sobre todo en relación a lo de ceder el asiento. Y ahí también entra el tema de la empatía. Lo que hacemos desde un principio es juzgar. ¿En qué medida vemos si una persona necesita un asiento o no? Puede que estemos viendo que un chico joven no cede el asiento a una persona mayor. Pero aunque sea poco probable, es posible que ese chico joven tenga algún problema no visible: que esté en recuperación, que haya sido operado hasta hace poco, o que haya salido de un turno de trabajo de 10 horas sin haber dormido apenas. Cada persona es un mundo, y por regla general puede que no sea ese el caso, pero existen casos así. No los vemos tampoco porque prejuzgamos.

      Hay que darse cuenta que es muy triste el punto al que hemos llegado: el mero hecho de decir “buenos días”, “gracias”, o “por favor” en una tienda, es casi para celebrarlo, cuando debería ser normal. Decir estas cosas no te hace ser mejor persona. Pero sí te hace una persona educada. Y esa debería ser la base para una convivencia más armoniosa.

      ¡Gracias por comentar!

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